miércoles, 7 de julio de 2010

LA CARTA A GARCIA

Hubo un hombre cuya actuación en la guerra de Independencia de Cuba brilla en mi memoria como el sol en su pleno esplendor.

Sucedió que en aquella guerra, cuando los Estados Unidos decidieron intervenir en favor de los rebeldes cubanos, se vio muy clara la necesidad de un entendimiento inmediato entre el Presidente Norteamericano y el Jefe de los Patriotas, el General Calixto García.

Pero ¿cómo hacerlo? Hallábase García en esos momentos Dios sabe dónde, en alguna tenebrosa montaña escondida en el interior de la isla. Y era absolutamente necesario ponerse en comunicación con él para organizar los planes de ataque y de defensa. Pero ¿Cómo hacer llegar a sus manos ese despacho? ¿Qué hacer?

Alguien dijo al Presidente:

—Conozco a un hombre llamado Rowan. Si alguna persona en el mundo es capaz de dar con García es él.

Llaman a Rowan. Le piden que vaya en busca de García, esté donde esté, y que a costa de cualquier sacrificio, le haga llegar esa carta importantísima.

Rowan toma la carta. La guarda bien escondida en un bolsillo interior. A los cuatro días desembarca en las costas de Cuba que está en poder de los españoles. Desaparece en la selva tenebrosa, para aparecer de nuevo a las tres semanas al otro extremo de la isla. Cruzando un territorio sembrado de peligros y donde pululan los enemigos por doquier, y entrega la carta a García. Los dos frentes coordinan acciones y se gana la guerra.

¿Cómo logró llegar hasta donde estaba el destinatario de su carta? Es algo tan interesante que merecería escribir una novela al respecto. Pero no tengo interés de describir aquí el modo como esto sucedió.

El punto sobre el cual quiero llamar la atención es este: El jefe da a Rowan una carta para que la lleve a García. Rowan toma la carta y no pregunta: pero ¿pero dónde podré encontrar al tal García? ¿Por donde me voy a ir?, ¿esto será fácil?, ¿no traerá peligros este oficio?, ¿y por que yo y no otro? Nada de esto pregunta ni comenta. Se va, sin más, a cumplir lo que se le ha encomendado.

Por Dios, amigo: ¡que estamos aquí ante un hombre cuya estatua debería ser hecha en mármol o bronce y colocarla en la entrada de muchos institutos donde se enseña a la gente a adquirir personalidad!

Por que lo que debe enseñarse a la gente que desea adquirir un verdadero carácter es: cómo hay que cumplir cada vez lo más exactamente posible, y cómo concentrar todas nuestras energías para lograr nuestros objetivos, y lograr dedicarnos con toda el alma a la acción, a "llevar la carta a García".

El General García ya murió. Pero siguen viviendo muchos Garcías en este mundo. Son todos los que necesitan de nuestro optimismo y valentía para obrar.
Qué desánimo y desaliento sienten los hombres de empresa que necesitan la colaboración de gente entusiasta, y se quedan estupefactos ante la pereza, la falta de espíritu de sacrificio y de iniciativa, de energía y de perseverancia de sus colaboradores, para llevar a término la ejecución de las tareas que cada uno debe cumplir.

Por todas partes se ve flotar la chabacanería, la desatención culpable, la despreocupación, la indiferencia. Estas parecen ser las reglas generales en el obrar de muchas personas. Muchos empleados cumplen tan descuidadamente sus deberes que si fueran soldados en una guerra ya los habrían fusilado por desertores.

Y sin embargo no se puede obtener éxito en una empresa si no se logra que los subalternos y los que mandan se dediquen con ardor a cumplir cada uno sus propios deberes. De lo contrario es necesario un verdadero milagro de Dios, pero cuando Él llega a ayudar, lo primero que exige es que cada uno este haciendo con entusiasmo y esmero lo que tiene que hacer.

Amable lector, ¿quiere poner a prueba lo que estoy afirmando? - ¿para saber si es cierta o no la afirmación de que si el progreso no nos llega es porque no se encuentran personas dispuestas a cumplir sus deberes con entusiasmo y hasta con sacrificio?
Llame a uno de sus colaboradores y dígale:

—Consulte en la enciclopedia y hágame el favor de sacarme un resumen de la biografía de Correggio.

¿Cree Ud. que su ayudante le dirá: Sí, señor, por supuesto, ahora mismo y se irá enseguida a hacer el resumen de la biografía?
Pues probablemente no. Le echará a Ud. una mirada vaga y empezará a preguntarle:

—¿Quién era él?...¿en que Enciclopedia busco eso...? ...yo creo que Carlos está más capacitado que yo para hacer ese trabajo... ¿Lo necesita de urgencia? o ¿lo podemos dejar para la semana entrante?... ¿quiere que le traiga el libro y saca Ud. mismo ese resumen...?

Hay muchas probabilidades de que después de haberle Ud. respondido a todas estas preguntas, su prodigioso ayudante se retirará y buscará a otro empleado para que se encargue de llevar aquella "carta a García", y regresará luego a informarle que no existe por allí cerca ningún valiente que quiera encargarse de tal oficio.

Casi le apuesto a que así va a suceder. Puede ser que yo pierda mi apuesta, pero si las leyes de las promedios no fallan, probablemente no la voy a perder.

Si Ud. no quiere complicarse la vida, no va a perder más tiempo explicándole al otro que Correggio se busca en la C y no en la K, y otros detalles más, sino que se sonreirá y suavemente le dirá:

—Dejemos eso... y buscara Ud. mismo personalmente lo que deseaba y hará por su cuenta el resumen de la biografía.

Y esta incapacidad para la acción independiente, para la iniciativa personal, este no hacer trabajar la propia inteligencia, esta flojera de voluntad, este desgano impresionante para resolver por sí mismos los obstáculos, es lo que retarda el bienestar colectivo de la sociedad y no deja a los individuos llegar al éxito.

Si ni siquiera cuando se trata de conseguir provechos personales la gente está dispuesta a buscar soluciones y a derrochar energías y tiempo por obtener las soluciones, ¿Qué será cuando se trata de conseguir éxitos para su empresa o nación?

Qué lástima que a muchos lo único que les hace trabajar es la mirada amenazadora y la voz tormentosa del capataz o del vigilante del grupo.

El dueño de una empresa se pensaba retirar y quería dejar la dirección de la empresa en uno de sus funcionarios de alto rango, tomó la decisión de encargar la empresa a un funcionario que tenía 5 años de estar trabajando con él, otro empleado que tenía más de 20 años de servicio, se sintió ofendido, porque él pensaba que debía ser el escogido por el tiempo de trabajo.

El dueño se enteró de la inconformidad de este empleado y lo llamó para explicar y justificar su decisión, cuando el empleado llegó y después del saludo, se oyó un ruido extraño en la calle, el dueño le dijo al trabajador:

- Por favor averigüe qué ese ruido extraño.

El trabajador salió y al momento regresó y le dijo:

- Son unos camperos que están pasando…

- ¿Para donde van?

El empleado salió nuevamente y al rato regresó diciendo:

- Para la próxima ciudad.

- ¿Qué llevan? preguntó el dueño.

El empleado salió nuevamente y regresó al rato

- Comida para la población

- ¿De quiénes son? Pregunta el dueño, volvió a salir el trabajador y al regresar dice:

- Del gobierno..

Y así sucesivamente el gerente va haciendo preguntas al trabajador sobre el tema.

El dueño le dice al trabajador que espere un momento y llama al trabajador que el escogió para la dirección, al llegar este le dice que le averigüe sobre el ruido extraño que hay en la calle, el empleado sale y se demora más de la cuenta, pero cuando llega le dice al dueño:

- Son 10 camperos del gobierno que llevan comida a la comunidad de la próxima ciudad por las necesidades que están pasando, debido a las fuertes lluvias que han acabado con sus reservas alimenticias, van dirigidos por ,........., le entrega un pequeño pero completo informe de la misión encargada.

- Gracias, le dice el dueño, — se puede retirar…

- Volviéndose al otro empleado le pregunta:
¿Entiende por qué lo escogí a él?

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